jueves, 16 de mayo de 2024

 

 

DIARIOS DE UN AMANTE. 1. FABIOLA

 

My 25

Hace algunos días conocí a Fabiola.  Todo ha cambiado en mí desde el día en que hable con ella por primera vez. Todavía me parece estar viéndola cuando me hablaba un tanto curiosa y sorprendida. He pensado mucho en ella. La imagino, me parece conversar con ella cuando sé que está muy lejos.

 

Quiero tener una relación de amistad lo más satisfactoria posible con F. Me ha ayudado muchísimo. Me ha dado una nueva luz sobre la vida. Creo que la amo porque sufro mucho cuando no la veo, cuando no puedo conversar con ella. Quiero relacionarme con F. con éxito, pero veo en mí muchas dificultades para realizar este diálogo creador. En primer lugar, debido a mi educación y por provenir de un hogar en que no se ha sabido dar una acertada educación (moral, sexual, disciplinaria, etc.) tengo una serie de inhibiciones y prejuicios que me impiden seriamente entablar una relación cuya base sea la confianza. Me encuentro esclavizado de mí mismo, del pasado que me trae mis defectos como una corriente de aire fétido cuando sale de una pieza oscura. Tengo que aceptar y asumir mi pasado, mi herencia tal como es. Aceptarme y construir mi ser a partir de mí mismo.

 

Además, hay otra cosa muy importante: mediante el diálogo sincero con F. puedo tratar de asumir y corregir mi situación e iniciar una etapa de creación de cara al porvenir. Pero tengo que preparar este diálogo y crear el ambiente propicio por medio de una mayor confianza y así hacer más fuerte el amor. Tengo que alimentar esta atracción: tengo que cultivar esta relación e ir creando cada vez más lazos: irme acercando a ella poco a poco, crecer en intimidad para amarla cada vez más plenamente. En una palabra, nos tenemos que domesticar más. Debo tener en cuenta que me estoy entrenando para amar. Por eso tengo que crecer todos los días en mi afecto hacia ella.

 

He de preguntarle a Angela, su hermana, muchas cosas sobre F., no para conocer su vida íntima sino para poder comprenderla mejor:

-"Angela, tú que ya has tenido tanta experiencia, por la vida conyugal que tienes, crees que F. pensará casarse algún día, pronto, o ella se salió de la comunidad para vivir más plenamente una vida de hogar, en medio de su familia, liberándose así de unas estructuras caducas como son, en este momento, las de una comunidad religiosa?

-Angela, tú que la conoces más, ¿qué piensas de ella? ¿Crees que sí podré amarla? Me tiene loco con su conducta, con su amabilidad y condescendencia. Es una gran persona. Me ha enseñado mucho acerca de todo. Dialogando con ella me he enriquecido mucho. Es como si empezara una nueva vida, llena de luz, de emociones intensas, de una gran intimidad. Quiero comprenderme muy bien con ella. Quiero amarla. Necesito su amor. Me hace falta. Es la persona con quien puedo realizarme. Quiero entregármele”.

 

Desde que la conocí he conversado de manera frecuente con ella. He entendido que no le caí del todo mal. Desde que la ví, un íntimo deseo de conocerla, de hablar con ella, me inundó. Quiero verla todos los días.  Me ha vencido, me ha herido profundamente. Me ha hecho convencer que soy incompleto, irrealizado. Estoy en proyecto: me ha hecho ver que no puedo destruirme en mi egoísmo. Que mi vida tiene que realizarse en una huída de sí misma para encontrar al otro, a la otra persona que me espera de manera impaciente.

 

My 2

 

Tengo que ir creando cada vez más nuevos lazos con ella. Tengo que ir creciendo en intimidad para que aumente así nuestra confianza en el trato. Me da realmente gran dificultad comunicarme con F. sobre algunos temas. Creo que se debe más que todo a que he sido educado en un ambiente en el que me he encerrado en mi torre de marfil. Casi no me advertían sobre la necesidad de relacionarme con los demás y durante el bachillerato el estudio era mi exclusivo interés. Ahora es cuando estoy sintiendo esta carencia. No sé cómo remediarla. En todo caso me voy a empeñar en forma seria para que en mi vida entre más el humor y el ambiente de charla informal. Quiero llenar mi vida de amor. Tengo que abrirme al mundo maravilloso de los otros. Estos me llaman. Debo salir de mí mismo e iniciar el diálogo enriquecedor. Debo prepararme a amar. No consigo ésto de manera fácil pues debo estar en continua disposición de entrega y de recepción. Debo abrirme a los otros sin tapujos, sin tabúes e inhibiciones, y estar dispuesto a aceptar al otro tal como es en sí mismo, con sus sentimientos, deseos y necesidades. En una palabra, el juego se basa en el equilibrio entre actividad-pasividad, receptividad-apertura, dar-recibir. Para amar necesito ejercitarme, prepararme. Me ensayo amando, decidiéndome a correr el riesgo de salir de mí mismo.

 

He bosquejado un posible diálogo con F.:

-“F., sabes, tú eres la primera mujer con quien entablo realmente una amistad. No sé cómo lo verás, pero algo inesperado e indecible ha sucedido en mí desde que te conocí. Deseo afianzar más lo que pueda haber entre los dos.

Antes veía lo romántico como un valor o dimensión vital desechable o inconcebible de realizarse en una persona como yo. Me parecía que sólo cabía en las novelas donde se idealiza y se da una imagen falseada del amor. He cambiado de manera profunda de parecer desde que te conozco. Me has hecho comprender que el amor es muy humano, más aún, lo que nos muestra lo más esencial del hombre”.

 

Cuando dos personas se enamoran todo cambia radicalmente para ellas. Se comprenden y se dan sin reservas. Se sienten unidos en la inmensidad del universo. Hay una gran armonía fruto de la comprensión. Se degusta la paz. Pero este letargo, esta ensoñación en que caen los amantes tiene que ser encauzada para garantizar y perpetuar este mismo amor.

 

He comprendido que tenemos un lado o rasgo romántico en el que o por medio del cual vemos todo de un modo diferente, con los ojos del corazón. Nos dejamos conmover por los sentimientos más íntimos y extraños no experimentados de manera frecuente. La razón, en este punto, ha quedado vencida o por lo menos, desplazada. Surge sin recelo y con poder creador el sentimiento libre. La afectividad se manifiesta sin restricciones. Nos parece que el universo entero, el sol, el cielo, el aire, los árboles, girasen alrededor nuestro.

 

Sentimos cruelmente la separación del ser amado. Es como si nos destrozaran la parte más preciosa de nosotros mismos. El universo entero se ha descompuesto. Está presente en la imaginación. Sentimos un gran vacío cuando no está a nuestro lado.

 

Es más cruel la desazón y el desconsuelo cuando no somos capaces de expresarle todo cuando sentimos por ella. Hay una barrera que impide alcanzarla. Pero qué amor, qué felicidad y satisfacción demuestran sus ojos cuando se dirigen a nosotros. Presentimos que hemos sido aceptados, pero no estamos completamente seguros. Creo que el amor se basa en esta íntima ambigüedad que no se descubre en forma abierta y completa. En un momento nos parece que solo existimos para ella, que somos también su alegría, pero en otros nos parece que ya todo se hubiera derrumbado porque ya no somos el foco de su atención. Exigimos exclusividad en su atención y dedicación a nosotros. Esta es la fuente de los celos que son muy humanos porque se dan o aparecen en todo amor que sea sincero, pero deben ser orientados y, dado el caso, ser aniquilados, porque nos hacen perder lo más hermoso del amor: su espontaneidad y generosidad.

 

Jun. 2

 

Pertenecemos a una cultura que obra como un sistema de represión: inhibe y nos hace reprimir los más sinceros sentimientos. Es una cultura de represión de lo más humano, de lo que nos hace realmente hombres, como seres especiales en el universo. He sido educado de acuerdo a unos esquemas inhumanos, represivos, caducos y esperpénticos. Ahora es cuando sufro las consecuencias de todo ésto.

 

Hoy he saludado velozmente a F. No imagina cuánto he pensado y recordado su comportamiento y su amabilidad conmigo. La veo como un ángel, como un ser ideal que ha venido a animar mi vida.   

Debo tratar de frecuentar su trato para poder así tener más confianza con ella.

 

Amor, cuánto he llorado gratamente,

tu recuerdo me ilumina y me asombra.

En el silencio de mi cuarto

me parece oir tu voz serena y tierna

y me encojo todo lo posible

como para que no se me escape

el más leve murmullo de tu aliento cordial.

 

Me tienes vencido con tu misterioso dardo

como a nobel soldado caído por tierra.

Como el sol del atardecer

ilumina el follaje de los arbustos,

así tú has alumbrado mis sombras.

 

Jun.  4

 

Esta noche he pensado en tí. Te siento tan cerca que a veces creo que estoy trastornado. He dejado de verte y de saludarte algunos días y me ha parecido que ya te había perdido. Sentí con dolor que tal vez nuestra breve relación ya había terminado. Pero no era así, porque cuando te ví y te saludé me encendí de nuevo. Como viento recio que hace mover los árboles y nos hace respirar polvo, así ha sido para mí este nuevo encuentro contigo.

 

¿Cómo hago para manifestarte mi amor? Me has brindado una gran confianza. Tú misma eres la culpable de que ahora sufra tanto por tí. Me abriste tu corazón, me contaste tu vida, me aprisionaste y ahora sufro de modo cruel cuando no te veo. Quiero expresarte todo lo que siento. Eres la única persona en el mundo a quien quiero entregarme. No sé si mirarás bien esta exclusividad

 

Jul. 14

 

F.: he deseado conversar contigo para que tratemos sobre algo muy importante: “F. cómo estás?  No te imaginas la inmensa alegría que me da oírte hoy. ¿No te gustaría, para variar un poco, almorzar hoy por fuera? Confiado en la amabilidad y la confianza que me has mostrado quisiera decirte algo: ¿me podrías hacer el favor más grande que me hayas concedido alguna vez? Te lo pido porque precisamente estaba pensando en tí cuando comprendí que sólo tú me podrías ayudar a resolver un grave problema que se me ha presentado”.

 

F., cuánto me entristeció cuando ayer me dijiste que no podrías salir nada conmigo, pero no te imaginas cuánto me alegré al mismo tiempo, al escucharte. Te puedo asegurar que después durante todo el día siguió resonando tu amable y dulce voz en mi interior y no me abandonó ni por un momento tu recuerdo. Lo que más animó el trabajo de ayer fue la esperanza que aún no había perdido de poder conversar después, en alguna oportunidad contigo.  Ese después fue para mí motivo de angustia, desolación y al mismo tiempo motivo de alegría y de optimismo.

 

Jul. 21

 

Me sentía hasta hace algunos días en una depresión tan intensa que creía que no iba a terminar nunca. No sé cómo explicar todo lo que sentí y pensé en estos días. Desde hacía algún tiempo venía con una gran preocupación a causa de que no sabía a ciencia cierta en qué iba a terminar todo. Había estado pensando todo el tiempo en ella, pero inútilmente porque supe por ella misma que no tenía esperanza de llegar a amarla como pretendía, porque según comprendí, teníamos intereses y motivos muy distintos. Según F. había una incompatibilidad entre los dos para llegar a algún acuerdo formal, pero lo curioso es que yo no veo la supuesta incompatibilidad por ninguna parte. No sé cómo voy a solucionar todo ésto, pero sigo obsesionado por ella todo el día.  No sé si será obstinación o necedad de mi parte el seguir insistiendo y persistiendo en la búsqueda de algo que para mí ya es imposible de alcanzar. Me he dicho a mí mismo que tengo que racionalizar esta actitud desenfrenada hacia ella, pero me he dado cuenta que todo lo que he experimentado y sentido en estos días escapa a la razón, al frío razonamiento. No quiero, sin embargo, que este fuego que me consume se acabe y se extinga tan pronto. Es todo mi ser el que está en juego. Prefiero seguir atormentándome pensando que ya no puedo alcanzarla porque así por lo menos la aprisiono en mi mente y al menos ella sigue estando en mí, aunque de un modo tan utópico.

 

Jul. 23

 

Son los días tan amargos cuando uno sueña en un amor imposible. No sé cómo seguirán las cosas de ahora en adelante. No he podido alcanzar lo que más había anhelado, lo que había deseado por encima de todo.

 

Jul. 26

 

Un hermoso día es el que ha transcurrido hoy. Me parece que es un día más en mi lamentable vida, aunque por lo que sufrí en él, fue diferente. Sí, hoy ha sido un hermoso día pero que no he podido disfrutar de manera completa porque me he sentido solo, muy solo, con un inmenso vacío imposible de llenar. ¿Qué será ésto? Por más que me agite en el trabajo y por más que me entusiasme, siempre me sigue faltando algo que siento como esencial. No sé dónde o cómo encontrar lo que me falta para sentirme satisfecho en lo que estoy haciendo.

 

Cuando nos veíamos, todo como que desaparecía para nosotros a nuestro alrededor. Sólo ha quedado el contorno poético que ahora tristemente evoco.

 

Sept. 21

 

F., desde hacía varios días deseaba escribirte estas líneas. No me había decidido debido a mi modo de comportarme que es el mismo modo de ser que nos hace a cada uno poder ser personas y tratarnos como tales.  Pues bien, aunque casi a diario nos vemos, y también debido a ésto, me parece un tanto ridículo escribirte ésto; te veía tan lejos como si una barrera se hubiera interpuesto entre los dos. Me parece que me he comportado tan ridículo contigo. Una amistad que empezó tan bien y que se vino a menoscabar por mi imprudencia. F., no sé francamente si apelar a tu amable comprensión o romper esto que te estoy escribiendo, aunque cuánto desearía poder hablar ésto contigo y acabar de una vez por todas. Sabes F., he estado reflexionando mucho en todo ésto. Si te imaginaras todo lo que me has ayudado, aunque de un modo indirecto y tal vez, aunque tú no lo supieras, a analizar mi propia vida. Quiero contarte ésto con la más buena intención. Qué alegría tengo al solo imaginar la posibilidad de que tal vez llegues a leer ésto. Te lo cuento no con la intención de despertar en tí algún malentendido, sino al contrario, con el fin de aclarar todo y para mantener nuestra amistad como tú misma me lo dijiste aquel cruel día en que cometí el error de llamarte por teléfono.

 

Cuánto desearía que entendieras un poco lo que intento decirte. Te cuento ésto con el fin de conservar o preservar nuestra valiosa amistad, pero quizá surta el efecto contrario: que tú me rechaces ya de manera definitiva, creyendo que sigo insistiendo en algo que tú tal vez entendiste como pretensión o posible declaración amorosa. No, F., no tomes el asunto así, te lo ruego por tí misma. Cuando te recuerdo no sé qué admirar más en tí, si tu simpatía y afabilidad o tu belleza, eficiencia y cuidadosa dedicación a tu trabajo. Lo que si puedo decirte es que desde el principio te he admirado por tu manera de ser, por toda tu personalidad. Siempre me he sentido inferior a tí en todo. Aquí está el núcleo de lo que quiero decirte. F. te pido que trates de comprenderme en este momento, porque veo la posibilidad de que surja una nefasta confusión que derrumbe todo. Precisamente por temor a ésto no me había decidido aún a escribirte, pero he querido arriesgarme a afrontarlo por respeto a tu amable persona y porque veía que me estaba distanciando, sin motivo justificable, de todo tu mundo personal. No sabes F. cuánto me ha dolido ésto.  Intento que comprendas un poco.

 

José Iván Bedoya Madrid      jbedma@hotmail.com


 

PENSAR LA MUSICA  

 

Con relación a la música me he hecho constantemente una serie de preguntas: ¿hay que comprender el objetivo que tuvo el compositor al escribir una determinada obra para tener una audición perfecta de ella?  ¿Sería suficiente con emocionarse uno oyendo así sea un solo trozo musical? ¿Es necesario oir en un determinado orden –cronológico o histórico- todas las obras musicales de una determinada época o de un compositor para poder tener una acertada apreciación musical?  ¿Hay que oir primero las obras esenciales o básicas y luego, las que se considerarían secundarias o accesorias?  ¿Hay que seguir las recomendaciones de los musicólogos que indican las diez o talvez las veinte obras musicales indispensables o esenciales para poder apreciar la música clásica?  Oir solo música clásica o música popular?  ¿Es imprescindible asistir a un teatro a escuchar una orquesta o a un intérprete para enriquecer la experiencia musical?  ¿Hay que escuchar un determinado compositor antes o después de algunos otros?  ¿Hay que ubicarlo primero en un determinado período o escuela o movimiento? ¿No se puede empezar a escuchar -refiriéndonos a la posible recomendación que haríamos a un joven- cualquier obra que se considerase clásica?

¿La comprensión de una obra musical depende de la erudición que se tenga acerca del autor que la compuso o del nivel del conocimiento del contexto histórico en que dicha obra surgió?  ¿En este sentido, solo un musicólogo tendría una escucha completa o íntegra de la realidad de una obra musical?

Son muchas las preguntas que uno se puede hacer explícita o implícitamente acerca de una obra llamada o conocida como clásica-

Como es obvio, a medida que se escucha surgen nuevas u otras preguntas que se quedan sin una respuesta cabal o definitiva. Es el sustrato de la escucha atenta e inteligente que se debe tener por cualquiera que pretenda disfrutar lo más profundamente posible de la música como arte. Lo anterior implica que yo como sujeto oyente me debo estar preguntando –pensando- siempre que esté escuchando una pieza musical.  En este sentido, uno se puede preguntar por muchos aspectos o acontecimientos en torno a la obra musical. O sea, hay muchas preguntas que se pueden hacer. Hay unas más atinentes a la esencia de la música como obra de arte y otras que se refieren a aspectos extra o para musicales.

 

José Iván Bedoya Madrid      jbedma@hotmail.com

lunes, 22 de abril de 2024

domingo, 14 de abril de 2024

jueves, 11 de abril de 2024

https://letralia.com/firmas/bedoyamadridivan.htm 

sábado, 6 de abril de 2024

 

REFLEXIONES PEDAGOGICAS  (2)  2023

José Iván Bedoya M.

Facultad de Educación   U. de A.   Medellín    jbedma@hotmail.com

 

¿Pensar es articular ideas que ya están producidas o consiste más bien en producir ideas para poderlas comunicar luego? Me hago continuamente esta pregunta, tratando de indagar qué es propiamente pensar como actividad que es. Según la propuesta idealista, las ideas ya existen, preexisten. Se trataría, entonces, en el pensar, de relacionarlas, articularlas, unas con otras.  Así por ejemplo, según Platón, se trata de salir del mundo sensible en el que solo podemos percibir las cosas que son meramente sombras o apariencias de las ideas, las que sí serían verdaderas en sí mismas.  Entonces, pensar es un develar, descubrir las ideas verdaderas en sí mismas, superando o ascendiendo desde las cosas, que solo serían fuente de opiniones, hasta llegar mediante el diálogo a las ideas como verdades que son por sí o en sí mismas.

Pensar en este contexto idealista es un proceso dialéctico que se va constituyendo como una ascensión desde las cosas hasta las ideas verdaderas en sí mismas, ascendiendo y superando las cosas que nos encadenaban a tener solo opiniones o informaciones aparentes y por tanto engañosas.  Sin tener que aceptar la teoría idealista de que las ideas ya existen o preexisten, hay que preguntarnos, entonces, si para pensar formaríamos las ideas a partir de elementos previos o contenidos epistémicos que estarían de alguna manera en el cerebro como relaciones neuronales, sinapsis, y que el pensar como actividad o proceso las actualizaría y volvería cada vez más complejas.  O sea, pensar no es un simple develar o desocultar las ideas verdaderas, lo que implicaría que éstas ya existirían tal cual son, solo que ocultas, detrás de las cosas, como sombras de las mismas.  El sujeto ni siquiera sabe que las tiene ocultas en su pensamiento. Necesitaría de un guía, de un filósofo como Sócrates, para poder iniciar ese ascenso dialéctico hasta ir conociendo estas ideas en sí mismas, a medida que se aleja o asciende desde las cosas mismas.  Ahora bien, pensar es un proceso complejo que no se puede reducir a ese ascender alejándonos de las cosas como es la propuesta idealista, ni un extraer la verdad a partir de las cosas, donde estaría oculta, como su esencia, como lo propone el esquema contrario, esto es, el empirista o positivista.

 

Así como mediante la lectura producimos el texto en el sentido de que lo reconstruimos como totalidad que es, como un todo paradigmático, así la escritura es producir un texto a partir de enunciados que vamos articulando.  Escribir es un proceso complejo porque no es solo ir “juntando” como elementos sueltos, dichos enunciados, e ir acumulándolos, sino que escribir  va produciendo un texto pero en una forma sintagmática, compleja, como quien va tejiendo una red con elementos a su vez complejos  que van encontrando su sentido a medida que el texto se va produciendo.

El carácter paradigmático del conocimiento es reconocido y evidenciado junto a otros conceptos cuando Herbart afirma que un concepto se relaciona con otros precedentes y con los que le siguen en una especie de cadena pre o postconceptual.  Es la estructuración sistemática que permite entender comprendiendo un concepto articulándolo con otros en un conjunto sistemático.  Por eso, entender implica comprender en el sentido de integrar conceptos en una estructura determinada.  Esta no preexiste a la existencia de todos sus conceptos, sino que está constituida por la relación que tienen todos sus elementos entre sí, en la que cada uno tiene su relación compleja. La estructura como tal existe en la medida en que cada elemento es lo que es y cumple un objetivo con relación a dicha estructura o totalidad. O sea que, en la propuesta hermenéutica, para comprender un concepto se debe ir a la estructura compleja en la que dicho concepto adquiere toda su significación.  Comprender es ir descubriendo esta relación compleja que está dada en cada momento y en el presente es lo que permite o explica la existencia de un todo complejo.  Entender un concepto implica, entonces, comprender esta articulación con los demás conceptos con los que está integrado en una cadena o más bien en una estructura compleja, la que solo se da y se entiende por la relación compleja que tiene con todos los demás. De ahí que un concepto no se puede entender aislado o en sí mismo sino a partir del sistema o estructura de la que forma parte.  Esto ya lo había entendido Herbart cuando superando la concepción kantiana había afirmado que para comprender un concepto era insuficiente su propuesta racionalista, en el sentido de que lo que permite la ciencia moderna no es solo la capacidad racional del sujeto pensante, partiendo desde sí mismo, sino articulando el concepto con los que ya dispone, con su contexto conceptual, estructural.  Entonces para Herbart, situándose en una temática pedagógica, para enseñar un concepto no se puede exponerlo solo en sí mismo, aunque sea con mucha claridad, sino relacionarlo con el sistema complejo en el que está integrado y para lograr su comprensión hay que entenderlo desde este contexto que no es un momento previo, sino que se reconstruye en el acto mismo de su comprensión. Si no se procede así no queda sino la opción de memorizarlo como elemento aislado.

En un contexto pedagógico enseñar no es solo exponer, mostrar o presentar los conceptos como elementos aislados sino demostrar su relación articulada o estructurada con todos los demás conceptos con los que se realiza su comprensión.   Comprender un concepto implica interpretarlo en el contexto de una teoría determinada en la que participa y actúa como elemento interdependiente junto a otros conceptos.  Implica reconstruir la cadena paradigmática de la que forma parte de modo interdependiente y la cadena sintagmática en la que aparece integrado como un eslabón siguiendo la continuidad lingüística.

Formación es básicamente un concepto hermenéutico en el sentido de que sólo se lo entiende completa y acertadamente como una integración de elementos, capacidades, conocimientos, etc. en el sujeto que la está desarrollando.  Formación es una integración paradigmática y un desarrollo sintagmático: formar implica ir integrando todo ese conjunto de sus elementos formativos que en un momento determinado de la historia de este proceso formativo constituye una esencial estructura en la que todos deben estar articulados y estructurados para poder decir que poseo una determinada formación en un campo determinado del saber científico  o del arte: en un momento determinado puedo decir que estoy formado pero se supone que no del todo porque si estoy en un proceso de formación estoy formándome pero aún no lo soy del todo y como este proceso es inacabable no podré decir cuándo lo lograré del todo porque puedo o debo seguirlo realizando o también está el riesgo  de que no se pueda continuar como debería serlo.

Antes se creía que el maestro debía instruir, enseñar un tema o contenido científico, y el alumno limitarse a aprender, recibir y llenar su mente con todo o solo con lo que el maestro o instructor le enseñara o le transmitiera. Esta famosa o tradicional relación pedagógica era lo que caracterizaba la propuesta pedagógica clásica o tradicional y la que aun en las instituciones se sigue aplicando o replicando.  Se supone que no hay otra forma de entender o proyectar esta relación. Pero en el actual contexto postmoderno, hermenéutico, se puede decir que esta relación se cuestiona, se problematiza, porque aparece caracterizada dicha relación de otra forma mediatizada por la actual situación dada por la pandemia por la que estamos o hemos pasado.  Hemos entendido a pesar de todo o a propósito de esta situación extrema a la que nos hemos visto todos sometidos por la desescolarización en que nos hemos visto obligados a trabajar, ya que no teníamos la célebre relación pedagógica descrita más arriba operando en todo el ámbito escolar o institucional.  Debíamos preparar la clase imaginándonos una relación virtual con potenciales alumnos con los que debíamos comunicarnos ya mediante una serie de técnicas informáticas.  Entra entonces a operar la virtualidad tecnológica en el proceso pedagógico lo que obliga a un cuestionamiento del proceso pedagógico como lo veníamos efectuando y sobre todo entendiendo hasta ahora.  Surge lo que yo llamaría una nueva crítica epistemológica del proyecto pedagógico ya que el actuar del estudiante no depende total o exclusivamente de lo que determine un maestro presencial a través o mediatizado por una institución.  El maestro debe limitarse a plantear temas o problemas de investigación para que el alumno encuentre por sí mismo en las respectivas páginas de Internet su respuesta o en los documentos que le “facilite” o le recomiende el mismo docente.  Esta relación maestro-alumno se mediatiza a través de estas nuevas tecnologías.  Se descubren nuevas vías o perspectivas de los conocimientos que empiezan sorprendiendo no solo a los alumnos sino a los mismos profesores, porque ya advertimos o descubrimos nuevas potencialidades que antes estaban solo limitadas a lo que se pudiera hacer en un aula de clase. Estamos descubriendo o abiertos a un nuevo universo de saber que el maestro debe saber orientar y guiar en el proceso formativo de sus alumnos. El maestro debe saber moverse en esta nueva perspectiva virtual y tecnológica ya que el alumno también va descubriendo otra faceta de solo entretenimiento de estos nuevos recursos metodológicos. Si el alumno no se debe limitar ya a recibir y aprender solo lo que el maestro le pueda enseñar, entonces debe aprender, ante todo con la acertada guía pedagógica de su maestro, a buscar por sí mismo el saber científico que antes lo recibía solo de su maestro o únicamente de los textos que este le proporcionaba. O sea que en la actual situación pandémica es cuando más se evidencia la necesidad para el alumno de buscar por sí mismo los conocimientos, o sea a investigar guiado, eso sí, por un maestro con una acertada formación pedagógica.  La tarea o más bien la responsabilidad del maestro diligente incluye otros elementos que antes eran usados como excepcionales, esporádicos o incluso al margen del proceso pedagógico: se trata de manera esencial de despertar el amor o el deseo de saber, de investigar por sí mismo, de despertar esta nueva fuerza interior al interior  de cada subjetividad.  Yo la llamo más que una pasion, un apasionamiento, un interés apasionante en la búsqueda de respuestas a los interrogantes y problemas que el mismo sujeto estudiante va planteando y descubriendo por sí mismo.    El profesor en este contexto debe propiciar el enamoramiento del texto, el placer de la lectura, ya que el estudiante se va a ver en la tarea de leer él solo, un texto, sin el contacto o el entorno de los otros sujetos-alumnos, como se hacía antes.

Mediante el diálogo se constata una carencia: la carencia del saber. Se orienta al estudiante a que constate por sí mismo que no sabe, se lo conduce a una aporía: a contradecir por sí mismo el saber que pretendía tener y del que se ufanaba, hablando de él a los demás. Cuando él por sí mismo, en sí mismo, constata que realmente no sabe aquello que pretendía saber, entra en una confusión mental y debe tratar de salir de ella por sí mismo. Debe salir a buscar ese conocimiento, esa respuesta al problema que se ha planteado.  Este debe ser el auténtico sentido de una investigación, de la investigación como proceso formativo pedagógico.

No se trata, entonces, de proceder a llenar desde fuera con nuevos contenidos o teorías esta carencia que el estudiante ha constatado por sí mismo. Se trata, como se decía antes, de despertar el deseo de saber, de buscar llenar esta carencia pero por medio de respuestas a las preguntas que el mismo sujeto se ha planteado en esta constatación epistémica. Así procede Sócrates, por ejemplo, cuando en el diálogo Menón, demuestra que él no intentaba enseñar nada, que lo único que pretendía era llevar mediante el diálogo al estudiante a esta aporía, a que se diera cuenta que no sabía lo que pretendía saber. Lo único que pretendía era despertar este deseo de saber, hacer surgir esta fuerza interior que lo motivase a salir de sí mismo a conocer o a buscar el conocimiento guiado u orientado por el maestro, en este caso, por Sócrates.    El maestro constata esta carencia en el estudiante, pero debe constatar su propia carencia, es decir, que no posee todo el saber que este sujeto necesita para llenar su carencia. Lo que sí debe descubrir es esta subjetividad, esta complejidad de potencialidades, que pueden despertarse y motivarlo para que las vaya realizando o satisfaciendo.   Debe procurar, entonces, solo despertar este deseo de saber, de interrogarse, en contacto con la naturaleza y mediante -como decía Herbart- el trato social.

Platón completa aquí a Sócrates diciendo que negando las opiniones (doxai) de las que ya había demostrado que eran falsas, en cuanto opiniones que se tenían a partir de las cosas sensibles, que son solo apariencias o sombras de las ideas, habría que alejarnos de las mismas y ascender mediante  un proceso dialéctico, es decir, filosófico y mediante la anámnesis, ir  recordando, ir reconociendo en el mismo pensamiento estas ideas que habíamos olvidado cuando asumimos un cuerpo y nacimos en este mundo sensible.  El conocimiento es un proceso que consiste en ir ascendiendo desde este mundo al de las ideas. Conocimiento es entonces reconocimiento. Es un proceso continuo y constante de ir reconociendo lo que habíamos olvidado a medida que vivíamos en el mundo de las cosas sensibles.  Es obvio que de esta teoría platónica del conocimiento para intentar entender el proceso formativo como se lo debe entender hoy, solo vamos a rescatar el carácter dialéctico del método, esto es, la forma como se debe conocer, como se debe buscar el conocimiento, esto es, investigar, lograr primero que todo, crear ese vacío conceptual en el sujeto que debe formarse por sí mismo, sin pretender formarlo desde fuera, desde el otro, el maestro. No esperar que el sujeto sea formado por otro, por su maestro mediatizado o en el marco de una institución, sino que se forme a sí mismo. Su proyecto es formarse. Entonces, ¿cuál es el papel o la misión del maestro en este caso?  En una mirada integradora, desde la filosofía, o reuniendo lo que entendemos desde varias concepciones pedagógicas, ya tomamos este punto inicial y crucial propuesto por Platón: crear primero la necesidad o el deseo de conocer, cuestionando las opiniones con las que habíamos llenado o agotado este primer acceso al conocimiento.  Luego habría que seguir con este proceso dialógico de preguntas hábilmente planteadas para que fuera descubriendo por sí mismo la respuesta a las mismas y produjera sus teorías y entendiera comprendiendo, según la propuesta hermenéutica, que las teorías científicas que están ya elaboradas y que fueron producidas en un proceso histórico científico o sea en cada una de las ciencias naturales o sociales que le corresponda investigar y que más despierten su interés al ir llenando este deseo o carencia de conocer, suscitado en ese primer momento de su proceso formativo, se han constituido precisamente como respuestas más o menos sistematizadas a determinados problemas que fueron planteados en cada proceso de constitución científica.